jueves, 1 de enero de 2009

Antes del edén - Arthur C. Clarke


Me parece –dijo Jerry Garfield parando los motores – que éste es el final de la línea.


Con un leve suspiro, la eyección del chorro cesó gradualmente. Privado de su colchón de aire, el vehículo explorador Pecio Vagabundo se posó sobre las retorcidas rocas de la Meseta Hesperiana.


Delante no había camino alguno; ni con sus eyectores a chorro ni con su tractor podía el S-5 –para dar al Pecio su nombre oficial – escalar la escarpadura que tenía enfrente. El Polo Sur de Venus estaba sólo a treinta millas, pero igual podría haber estado en otro planeta. No quedaba otra solución que volver atrás y desandar el camino de cuatrocientas millas hecho a través de aquel paisaje de pesadilla.


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Antes del edén - Arthur C. Clarke

Siddharta - Hermann Hesse


Siddharta, el agraciado hijo del brahmán, el joven halcón, creció junto a su amigo Govinda al lado de la sombra de la casa, con el sol de la orilla del río, junto a las barcas, en lo umbrío del bosque de sauces y de higueras. EI sol bronceaba sus hombros brillantes al borde del río, en el baño, en las abluciones sagradas, en los sacrificios religiosos.

La sombra se adentraba por sus negros ojos en el boscaje de mangos, en los juegos de los niños, en el canto de su madre, en los sacrificios religiosos, en las enseñanzas de su padre y sus maestros, en la conversación de los sabios. Ya hacía mucho tiempo que Siddharta participaba en las conferencias de los sabios. Con Govinda se entrenaba en las lides de Ja palabra, en el arte de la contemplación, de saber ensimismarse. Ya podía pronunciar quedamente el Om la palabra por excelencia. Había conseguido decirlo en silencio, aspirando hacia adentro; aprendió a enunciarlo calladamente, aspirando hacia afuera, concentrando su alma y con la frente envuelta en el brillo de la inteligencia. Ya sabía entender el interior de su atman indestructible en el mundo material.


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Siddharta - Hermann Hesse

miércoles, 31 de diciembre de 2008

El libro de las emociones - Laura Esquivel



«Mucha gente piensa que lo único que vale es la ciencia, pero ¿y las emociones?

¿Qué pasa cuando estamos contentos? Lo que yo creo es que de lo único que puedo estar segura es de si estoy triste o alegre. La ciencia cambia... la tierra era plana y luego resulta que es redonda... la ciencia cambia, la política cambia, se descubre que muchas ideas son erróneas, ¿qué te queda?

Las emociones: una emoción puede cambiar la forma en que percibes el mundo. Y además, cuando estás deprimido se te encoge el corazón, no late la sangre igual. Cuando uno está enamorado el sistema inmunológico mejora, hay luz en los ojos.

Hay una forma de reaccionar del cuerpo sana y otra enferma, es muy complejo. ¿Cómo nos influye la alegría y la tristeza? Yo pienso que hay una literatura que te sana y otra que te enferma...»

Las intenciones del Tío Sam - Noam Chomsky

Las relaciones entre Estados Unidos y el resto de los países se remontan, lógicamente, al origen de la historia norteamericana, pero la Segunda Guerra Mundial marcó una línea divisoria decisiva, de manera que empezaremos en ese punto.

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Las intenciones del Tío Sam - Noam Chomsky

domingo, 28 de diciembre de 2008

El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre - Friedrich Engels



Hace muchos centenares de miles de años, en una época, aún no establecida definitivamente, de aquel período del desarrollo de la Tierra que los geólogos denominan terciario, probablemente a fines de este período, vivía en algún lugar de la zona tropical —quizás en un extenso continente hoy desaparecido en las profundidades del Océano Indico— una raza de monos antropomorfos extraordinariamente desarrollada. Darwin nos ha dado una descripción aproximada de estos antepasados nuestros. Estaban totalmente cubiertos de pelo, tenían barba, orejas puntiagudas, vivían en los árboles y formaban manadas




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jueves, 24 de julio de 2008

El amor, las mujeres y la muerte - Arthur Schopenhauer

"La maldición del hombre de genio es que, en la
misma medida en que él parece grande y admirable a
los demás, éstos le parecen a él a su vez pequeños y lastimosos.
Durante toda su vida tiene que reprimir
esta opinión, como ellos reprimen la suya.
Sin embargo, está condenado a vivir en una isla desierta,
donde no encuentra a nadie semejante a él, y que no
tiene más moradores que monos y loros. Y siempre
es víctima de esta ilusión, que le hace tomar de lejos
un mono por un hombre."
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viernes, 11 de abril de 2008

El Origen de las Especies - Charles Darwin



Pocas personas han cambiado el mundo con el poder de sus ideas.


Charles Darwin, el naturalista británico que vivió durante los años 1800, fue una de ellas.


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El Origen de las Especies - Charles Darwin